UNA HORMIGA EN UN ZAPATO.

 

 

Ayer vi a un niño de la colonia. Se llamaba Juanito. Él siempre fue conocido en la colonia por ser alguien desobediente y malcriado. Su desobediencia era notoria para todos.

 

Un día me pareció que él necesitaría mi ayuda para cambiar su actitud. Ese día me dirigí muy temprano hacia el viejo hormiguero al que siempre me dirijo en las tardes. Al llegar hable: Hola Rofa, ¿estás allí?

 

Dijo Rofa: Claro, aquí estoy. –Salió envuelta en polvo porque estaban en la construcción de una nueva bodega para la comida que en ese año había sido abundante.

 

Mira Rofa, tengo un problema, necesito que vayamos juntos a solucionarlo. Un niño desobediente necesita que le hablemos.

 

La buena Rofa accedió con gusto a mi invitación y para llegar más rápido la monte en mi bolsa del pantalón en la cual ella se fue montada al estilo de un montador de caballo.

 

La historia que le contaríamos al niño sería la experiencia que Rofa tuvo cuando tenía menos edad, cuando apenas era una hormiguita pequeña.

 

Era el inicio de verano. Apenas comenzaban a salir en búsqueda de alimento. Rofa, una hormiguita  muy pequeña no pensaba muy bien las cosas. Sus padres la aconsejaban a que fuera obediente, pero, a ella no parecía importarle en lo más mínimo. El hecho es que por desobedientes muchas hormigas ya habían muerto y eso había sido muy triste en su momento.

 

Rofa tenía una idea descabellada. A ella le habían contado que un zapato era un parque de diversiones y que al subirse a él se pasaban cosas espectaculares. Lo que no sabía es que no todos los lugares son adecuados como para andar.

 

Una mañana que ella salió con sus amigas su madre le dijo que no fuera a lugares desconocidos. Ella no obedeció y salió hacia una casa que había cerca del hormiguero. Al llegar vio un zapato que estaba cerca. Se montó en  él y se deslizaba de arriba hacia abajo riéndose sin parar. En una de esas se fue dentro del zapato. Ese ya no fue motivo de risa. Sus amigas corrieron al hormiguero a contar lo sucedido.

 

El problema se dio cuando Rofa se dio cuenta que un hombre entraba a la casa. En ese instante se puso un zapato y Rofa supo que el problema se había vuelto mayor. Cuando levantó el zapato Rofa se estremeció, pero, pudo agarrarse de una cocinita y así no fue aplastada.

 

Cuando al fin pudo ver donde estaba se dio cuenta que ya no reconocía ningún lugar. Se puso a llorar imparablemente. El hombre sacudió sus zapatos y ella salió de él. Ella entendió porque sus padres le decían que obedeciera. Lastimosamente ya no había esperanza para una hormiga tan chica.

 

En ese momento mientras lloraba se dio cuenta que un par  de grillos la miraban. Sus nombres eran Oto y Saltón. Ellos se acercaron y le dijeron:

 

-        ¿Qué te pasa hormiguita?

-        Me he perdido, no sé qué hacer. (dijo Rofa)

-        ¿Por qué te has perdido? Dijo Oto.

-        Es que me fui sin el permiso de mis padres, me metí en un zapato y hoy estoy perdida. No podré volver.

Saltón ya sabía donde vivía la hormiguita, pero, estaba esperando a que ella terminara de hablar. Cuando terminó le dijo que la llevaría, pero, que jamás lo volviera a hacer.

 

Así fue como los grillos ayudaron a la hormiga a salir de ese problema y ella aprendió a obedecer a sus padres.

 

Cuando llegamos a la casa del niño él se sorprendió que las hormigas pudieran hablar. Ese día lo había mordido un perro por ser desobediente. Cuando le terminamos de contar la historia él comprendió que no debía ser desobediente y cambió su actitud.

 

A los niños desobedientes le pasan cosas difíciles. Lo mejor es ser obediente a los padres.

 

Sobre este cuento:

 

Todos los hijos de Dios deben ser obedientes hacía su Padre Celestial. Este cuento lo escribí pensando en como nosotros los cristianos nos metemos en problemas cuando no vivimos en la voluntad de Dios. Los cristianos a la vez deben ser cuidadosos de cuales son los lugares donde andan. No sea que por andar perdiendo tiempo terminen en el engaño.