En esta ocasión presentamos una recopilación de algunas Orientaciones Familiares, pequeños artículos escritos por el Pastor Mario Vega, publicados en la Editorial de El Diario de Hoy, uno de los periódicos de mayor circulación en la Republica de El Salvador.
El Pastor Mario Vega presenta una orientación concisa a los problemas más comunes y elementales de la familia como a los dilemas más grandes de de hoy en día.
No omito decir que está recopilación no es completa de todos los temas que él presentó en el Diario de Hoy durante los años 2002 y 2003 sino que son nada más algunos que hemos podido recuperar de su columna electrónica.
Finalmente, antes que pase a disfrutar de estos temas quiero decirle que no ha sido ordenados por temas sino por orden de llegada a nuestra sala de Edición, por lo que le agradecemos su comprensión.
Henry Preza
Daños del abuso verbal
Mientras que con el abuso físico se pueden ver las heridas y los moretes, con el abuso verbal los daños no son visibles, pero están allí. El efecto a largo plazo de vivir con un cónyuge que abusa verbalmente es que conduce a su víctima a la pérdida de su identidad.
Una víctima de abuso verbal nunca sabe qué esperar de su cónyuge. Lo que hoy no era gran cosa al día siguiente le incomoda al extremo de la violencia verbal. Mientras las víctimas se esfuerzan por razonar con ellos y complacerles en sus demandas, los abusadores siempre continuarán ganando terreno e imponiendo su voluntad.
Actúan tan astutamente que se las arreglan para hacer creer a su víctima que es la culpable de todo. Negando que dijeron lo que dijeron obligan a sus cónyuges a hacer cada vez más concesiones hasta llevarles al punto de anular su personalidad.
La víctima se limita cada vez más y va anulando sus preferencias y deseos y se vuelve incapaz de mencionar todo aquello que desatará un torrente de agresión verbal. La persona ve cómo su personalidad se ve comprometida y va perdiendo la libertad de llevar una vida normal. Tendrá temor de expresar lo que siente.
Tendrá temor de mencionar palabras o hechos que pueden hacer recordar al abusador algún episodio pasado de agresión verbal y que puede revivir en cualquier momento.
La víctima, llena de temor, se volverá callada, reservada, no expresará sus sentimientos, sus recuerdos ni sus ideales por temor a que cualquiera de tales elementos desate una nueva crisis de agresión verbal. Luego la víctima se verá tratando de ocultar a la parte abusadora actividades, objetos, llamadas telefónicas y todo aquello que pueda desatar una más de sus agresiones irracionales.
Puesto que el abusador actúa sobre la base del capricho y no de bases definidas, cualquier cosa puede convertirse en un desencadenador de opresión verbal y de allí que la víctima tenga que prevenir todo lo que pudiera provocar una de esas experiencias indeseables.
Lo peor ocurre cuando la víctima comienza a creer que no vale nada ni tiene voz. El que alguien se burle regularmente y rechace mordazmente sus opiniones, sentimientos, logros y trabajo puede llevar a una persona a pensar que no es nada y a perder su sentido de individuo.
Tal maltrato cruel suprime el honor que Dios ha dado a todo ser humano como criatura hecha a Su imagen (Salmo 8:4-5).
Maltrato conyugal
El maltrato que se produce en el hogar no tiene fronteras económicas, educacionales, raciales ni religiosas. Ocurre en familias de todo tipo.
Las mujeres maltratadas son amas de casa, maestras, enfermeras, profesionales, etc. Si bien es cierto que algunas veces pueden ser las mujeres quienes maltratan, la mayoría de los incidentes señalan a hombres abusando de sus esposas.
Muchas veces el maltrato no se reconoce como tal. Por ello es importante comenzar con una definición adecuada.
El maltrato se puede definir como el intento de dirigir y controlar a la esposa a través de medios físicos o emocionales. En el control que se impone se hace un mal uso del poder y el autoritarismo.
Normalmente se reconoce como maltrato todo aquello que se expresa en una acción física violenta. Puede ser el dar bofetadas, arañar, golpear, dar puntapiés, empujar, apretar fuertemente, intentar estrangulamientos, dar palizas, asaltar sexualmente, morder, herir con armas corto punzantes y disparar con armas de fuego.
Pero en muchos casos, el maltrato no se expresa con agresiones físicas sino con ataques verbales indirectos, directos y violaciones de la dignidad que son suficientes para intimidar y controlar.
Otras veces el maltrato es aún más sutil y puede comprender extensos períodos de silencio o de aislamiento, miradas despectivas, uso de nombres inapropiados y la crítica sarcástica e hiriente.
En la generalidad de casos existe una combinación de maltratos tanto físicos como emocionales. Cuando dichos maltratos van combinados con drogas o alcohol los resultados suelen ser fatales.
Todas las relaciones matrimoniales experimentan algunas formas sutiles de control de la conducta. Pero, en algún momento, las personas de una mentalidad equilibrada reconocen la necesidad de alguna intervención cuando la conducta controladora se convierte en algo excesivo.
La vida matrimonial no se encuentra sobre la ley. Existen recursos e instancias contra la violencia doméstica a fin de ayudar en la implementación de medidas contra el abuso que amenaza a un creciente número de hogares.
La ausencia de valores espirituales se convierte en una agravante del problema. Donde no hay temor de Dios no hay respeto a nada ni a nadie.
Soluciones al maltrato
Una de las primeras cosas que la mujer abusada debe hacer para frenar el maltrato es el comprender la naturaleza de un matrimonio estable. El maltrato verbal y físico no son parte de un matrimonio bien avenido.
El abuso contra la mujer sólo se produce en un matrimonio donde las cosas no están marchando con normalidad. Si una mujer es maltratada por su esposo, debe comprender que tal situación es una aberración de la idea del matrimonio. Tampoco es cierto que el destino de la mujer casada deba ser el de “aguantar” al marido.
Todas esas ideas, sin fundamento, sólo contribuyen a que la mujer tenga una idea distorsionada sobre el matrimonio, que le impide reconocer las cosas que están mal con su pareja. Así que, una vez más, el maltrato no es normal.
Otro elemento importante en la solución al problema del maltrato es el recordar que el abuso sigue un ciclo definido cuyas principales características hemos descrito en otra ocasión.
Dentro del ciclo del maltrato existe la etapa del remordimiento, durante la cual el abusador muestra arrepentimiento por haber maltratado a su mujer y pide perdón ofreciendo cambios para el futuro.
Pero esta etapa no es más que el inicio de un nuevo ciclo que terminará en una nueva expresión violenta.
Si la mujer no comprende que tal remordimiento es solamente parte de un ciclo de maltrato, puede inclinarse a alimentar la esperanza de un cambio en la conducta de su esposo y esperar que “esta vez sí” las cosas cambiarán.
Obviamente, se debe dar al marido la oportunidad de demostrar que su arrepentimiento es sincero y esperar muestras de un cambio real. Pero, si sus palabras no son más que la expresión de una resaca de la violencia de la noche anterior, la mujer debe comprender que no debe continuar confiando más en sus palabra y debe pasar a tomar otro tipo de medidas para solucionar su problema.
De ahí que sea tan importante que la mujer maltratada pueda conocer la naturaleza de su problema con el fin de poder reconocer aquellos elementos que pueden ser engañosos a la hora de decidir hacer algo por solucionar el problema.
Siendo el maltrato de carácter privado, es la mujer abusada quien debe tomar la iniciativa en la búsqueda de una solución y esa solución debe comenzar por un reconocimiento que existe un problema real con el conjunto de síntomas que le son inherentes.
Mitos del Maltrato
A los mitos que se mencionaron anteriormente es necesario añadir el mito de la mujer que es maltratada y que por su calidad de cristiana se cree que no debe denunciar este abuso.
Es reconocido universalmente que el mensaje del cristianismo es esencialmente el del perdón. El perdón que Dios ofrece al hombre a través de su Hijo Jesucristo y el perdón que los hombres se deben entre sí. De la manera que Dios nos perdonó en Jesús, debemos perdonarnos los unos a los otros.
Bajo este panorama general, la idea popular es que la mujer maltratada debe soportar los abusos de un esposo violento perdonándolo cada vez que ocurre un episodio de violencia. La actitud de la mujer debe ser de sumisión a imitación de Jesús quien padeció sin abrir su boca.
Pero, al realizar un examen más detallado de las Escrituras sale a relucir la verdad que si bien es cierto que el perdón debe ser otorgado generosamente por los cristianos, es necesario que el ofensor ofrezca ciertas condiciones para recibir perdón.
Tan claro como que el mensaje del Evangelio es el mensaje del perdón lo es el hecho de que el perdón se recibe a través de un arrepentimiento sincero. No hay que confundir arrepentimiento con un malestar de conciencia.
Tampoco hay que confundirlo con la vergüenza de verse descubierto en algo impropio. El arrepentimiento es un reconocimiento que lo hecho fue indebido, un dolor por haber causado mal a otras personas y una resolución a no volver a repetir la misma conducta.
Sólo cuando una esposa maltratada nota que su esposo ha reconocido que su actuación ha sido mala y cuando se percibe un verdadero dolor por el mal provocado y una disposición que pasa a hechos comprobados que demuestran que la conducta no se repetirá, entonces la esposa deberá perdonar.
El acudir a una denuncia ante las autoridades es algo que no está prohibido para las mujeres cristianas. La carta de Pablo a los Romanos presentan a los magistrados como instituidos por Dios con el propósito de proteger al bueno y castigar al malo.
En casos donde se hace necesario, la mujer cristiana puede acudir a las autoridades a fin de resguardar su integridad moral y física como la de sus hijos.
Con ello no ofende a Dios. Solamente está echando mano a los recursos que el mismo Dios puso a disposición de aquellos que se encuentran en una situación donde la reflexión y las palabras resultan insuficientes.
Relaciones destructivas
Algunas mujeres se involucran con hombres en relaciones que resultan en su destrucción emocional y, algunas veces, también derivan en agresiones físicas. Este tipo de relación destructiva no se fabrica de la noche a la mañana, se construye de manera progresiva y envolvente.
El hombre comienza, generalmente, mintiendo. Hace creer a la mujer cosas que no son ciertas. A pesar de que él pueda ser infiel, irrespetuoso o irresponsable con la muchacha, le hace creer lo contrario.
Cuando la mujer comienza a descubrir la verdad el hombre no se preocupa por enmendar su actuación, por el contrario, trata de convencer a la mujer que su conducta es normal y que todos los hombres actúan igual. A pesar de sus infidelidades y malos tratos, continúa asegurando a la muchacha que ella es a quien ama de verdad.
El echa mano de todo su poder de persuasión para convencer a la joven sencilla que las otras son solamente aventuras que, por hombre, no puede desaprovechar. Las acusa de ser ellas quienes le seducen a él. Termina el engaño con un ofrecimiento de matrimonio como evidencia que su amor es verdadero.
En este punto es donde muchas jóvenes no se dan cuenta de que aceptar un matrimonio bajo tales condiciones es dar su consentimiento al estilo de vida que el casanova le propone.
Una vez casados, la mujer espera que el hombre la tome en serio, pues, ahora es su esposa. Pero, tal ilusión es otro engaño. La experiencia demuestra que las conductas desarrolladas durante el noviazgo no cambian con el matrimonio, sino que se acentúan.
Si el hombre fue infiel e irrespetuoso en el noviazgo, mucho más lo será después del matrimonio. El argumentará que ella ya sabía como era él antes de casarse y que aún así accedió al matrimonio. Al final, resultará que ella será la culpable de haberse casado con él y por lo mismo no tendrá derecho a reclamos.
Después, es probable que el hombre pase al maltrato físico. La mujer sentirá su dignidad por el suelo y se consolará pensando que "esa es la vida que les toca a las mujeres".
Las palabras empalagosas que el hombre le dirá en la resaca del maltrato volverán a crearle la esperanza de que las cosas esta vez sí cambiarán. Para entonces, el ciclo destructivo se habrá consolidado, aniquilándola emocional y físicamente, al punto de perder la capacidad de discernir entre la mentira y la verdad, su vida estará destrozada.
"El amor no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita" (1 Corintios 13:4-5).
El amor y la pasión
Existen parejas que llegaron al matrimonio en medio de grandes ilusiones y expectativas para luego verse de cara a graves problemas y discusiones serias. Cuando estos conflictos ocurren una pregunta que las personas se hacen con mucha frecuencia es: ¿en qué estaba pensando cuando me case con esta persona? ¿Por qué no pude darme cuenta de cómo era en realidad?
El desencanto inicial es el resultado de haberse dejado arrastrar por la pasión más que por el amor durante el noviazgo. La pasión es un elemento que puede nublar la visión de las personas de manera que no vean las cosas con claridad. La pasión es inmediatista. Tiene un fuerte contenido erótico. La pasión es e-goísta y puede poseer a las personas de manera que pierden la reflexión.
El amor, por su parte, es paciente. Reconoce las virtudes de las personas pero no se vuelve ciego a los aspectos negativos. El amor es paciente, sabe esperar. Puede conducir a connotaciones eróticas pero también puede prescindir del todo de ellas. El amor "no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor".
La pasión sexual es un poderoso condicionante de la conducta humana. La realidad de lo que una persona es se trata de ocultar o disimular con el fuerte condimento de la atracción sexual. Cuando las decisiones concernientes al noviazgo y al matrimonio se toman desde una perspectiva sexual el peligro de equivocarse se incrementa de manera exponencial.
A una pareja que ha llegado a obsesionarse por esa explosión física es inútil tratar de hacerla entender los peligros de su unión. Nada la hará desistir de su decisión presurosa de unirse "por la eternidad".
La pasión es capaz de hacer creer cosas que no existen o justificar otras que son evidentes. Sobre esta base las parejas pueden tomar decisiones que son trascendentales en sus vidas. Pero la pasión no es eterna. Igual que el fuego que arde con grandes llamas pero luego se apaga, la pasión se inflama pero se extingue.
Entonces se despierta del sueño. La pareja se enfrenta a graves problemas. Entonces sobreviene la desilusión mutua y, si no existe un compromiso responsable, acaece el rompimiento. Pero el asunto no termina con el rompimiento. Con él viene el dolor de una ruptura conyugal. Se precisa enfrentar una crisis emocional grande, un dolor que proviene de la autoestima lastimada.
Toda pareja debería realizar un examen introspectivo serio antes de entrar en este círculo destructivo que endurece el corazón y hace perder la fe en el amor. El cual, a pesar de todos los reveses y golpes, continúa siendo real y hermoso, pues, "el amor nunca deja de ser" (1 Corintios 13:8).
Sobreviviendo a la infidelidad
Una pregunta que se formulan repetidas veces los cónyuges que han sufrido infidelidad es si su matrimonio podrá sobrevivir.
La respuesta es muy relativa. Todo depende de la actitud que la pareja adopte. Un elemento fundamental es la actitud de la parte infiel. Si existe un abandono de la aventura, si se produce un verdadero arrepentimiento, si hay una disposición sincera por terminar todo nexo con la tercera persona.
Otro aspecto esencial es la manera como la parte ofendida reacciona a las anteriores respuestas de su cónyuge. Nada puede dar la tranquilidad necesaria que disipe los temores de una persona traicionada.
Es importante reconocer que no se puede hablar de restauración matrimonial mientras la aventura continúe. Es absurdo que se pueda progresar en la sanidad de la heridas provocadas si el cónyuge reincide.
La restauración del matrimonio sólo puede darse sobre el respeto a la exclusividad del matrimonio que exige que se corte toda conexión y comunicación con la persona con quien se tuvo la aventura.
Se debe recordar que la parte ofendida es la que ha sufrido la traición y tiene el derecho a solicitar aquellos elementos que satisfagan su necesidad de garantías. Esto puede llegar al punto de asegurarse que la aventura ha sido verdaderamente rota, por ejemplo, estando presente a la hora del rompimiento o solicitando la devolución o destrucción de los regalos, cartas y recuerdos intercambiados durante la aventura.
Al mismo tiempo, es necesario que la persona traicionada examine serenamente los aspectos que por su parte pudieron ser detonantes de la infidelidad. Generalmente, siempre existe algún grado de responsabilidad de ambas partes cuando un adulterio se produce.
Hemos dicho antes que nada puede justificar la infidelidad; pero, tampoco se puede negar que pueden existir elementos utilizados como excusa en la psiquis de la persona infiel. En el proceso de restauración no se deben pasar por alto las cosas que pueden ser corregidas y que sirvieron de excusa para justificar la infidelidad en la mente del infiel.
Para identificar todas las razones implicadas en una aventura y revelar los asuntos que necesitan abordarse para allanar el camino a la reconciliación la pareja debe buscar un pastor para recibir consejería marital.
En el proceso de sanidad de la relación también juega un papel importante la ayuda que pueda recibirse de otros miembros de la Iglesia rindiendo cuentas de los progresos obtenidos a parejas en quienes confían y que saben toda la historia.
Tratamientos de fertilidad
Existen diferentes maneras de ayudar a una pareja a revertir la infertilidad. Algunas de ellas son aceptables desde el punto de vista de los principios cristianos y no hay problema, por motivos de conciencia, para que una pareja de cristianos las busquen.
Esto no significa que los cristianos puedan utilizar cualquier intervención médica. Es necesario que cada uno de los tratamientos sea valorado a la luz del respeto a la vida y a la dignidad humana.
Algunos problemas de infertilidad no son la consecuencia de alguna disfunción del sistema reproductivo. A veces se trata de efectos colaterales de otro tipo de dolencias. Un hombre con infección en la próstata puede ver incrementada su capacidad fertilizante con un régimen simple de antibióticos. Para una mujer con baja tiroides, el empleo de un substituto a la hormona de la tiroides significaría una expansión de su fertilidad.
En los casos anteriores, aunque los tratamientos no están relacionados de manera directa con el sistema reproductivo, dan como resultado una mejora en la fertilidad y ayudan a los pacientes a alcanzar un estado más saludable y funcional y, por lo mismo, su empleo es acorde a la voluntad de Dios.
Otras drogas de la fertilidad también contribuyen a incrementarla; no obstante, su empleo debe ser juzgado teniendo en cuenta los efectos colaterales posibles.
Existen hormonas mensajeras específicas para ayudar a la mujer que no ovula. Estas hormonas estimulan directamente el ovario de manera tal que su uso puede dar como resultado la maduración de múltiples óvulos. Consecuentemente la mujer queda expuesta a una alta probabilidad de tener un embarazo múltiple que puede dar como resultado el nacimiento simultáneo de tres, cuatro o más niños. Tal elemento, altamente probable, debe ser tenido en cuenta a la hora de considerar este procedimiento.
Afortunadamente existen otras opciones como el uso del citrato de clomífero que estimula la ovulación en muchas mujeres y no tiene tanto riesgo de embarazos múltiples.
Para parejas con recursos económicos suficientes el uso del clomífero puede ser combinado con el ultrasonido. Con esta herramienta el médico puede reconocer el número de óvulos en maduración y recomendar a la pareja el momento oportuno para procurar la concepción.
La infidelidad y el divorcio
Como cristianos somos llamados a perdonar en la misma medida que fuimos perdonados por Dios. El cristiano que ha sufrido traición sexual de parte de su cónyuge debe considerar seriamente el otorgar un perdón sincero a quien le traicionó.
El perdón, como se expresó en una columna anterior, no es incondicional. Debe enmarcarse en una serie de elementos que aseguren la no repitición de la conducta infiel. Perdonar sin alcanzar tales condiciones puede volverse una actitud que, involuntariamente, fomente infidelidades futuras.
En todo caso el otorgar el perdón es una prerrogativa de la parte inocente. El otro cónyuge, a causa de su infidelidad, ha violado el contrato matrimonial y ha perdido sus derechos sobre la decisión de divorciarse o reconciliarse. Puede expresar sus sentimientos, sus ideas, su nuevos compromisos. Pero, es la parte ofendida la que dirá la última palabra.
La Biblia no exige que una persona perdone a su cónyuge infiel para restaurar la relación, pero tampoco exige que tras una aventura venga el divorcio.
La infidelidad dentro del matrimonio es una causa por la cual Jesús enseñó que el divorcio es permisible (Mateo 19:9). Pero, una vez más, lo estableció como una manera de enmendar males mayores, no como una carta de venganza.
Si el cónyuge infiel se niega, por ejemplo, a renunciar a su aventura, se vuelve agresivo, amenaza, es abusivo o niega el apoyo económico a la familia, la respuesta más amorosa a tan constante crueldad y dureza de corazón podría ser el divorcio.
Decidirse por un divorcio puede ser una situación aún más difícil de confrontar que la infidelidad misma. Pero en circunstancias como las descritas el divorcio no sólo es permisible sino que, en algunos casos, hasta aconsejable.
El cónyuge herido no debe sentirse culpable por ejercer la opción dada por Dios de divorciarse. Pero los términos del divorcio deben ser justos tanto para la pareja como para los hijos. Justos y no vengativos.
Sin embargo, no se debe perder la esperanza que las cosas se encaminen por caminos distintos. Con una sabia corrección y con ayuda de un Pastor es posible mover al infiel al arrepentimiento haciéndole ver el daño que hace a su cónyuge, a sus hijos, a sí mismo y a su amante. También se debe señalar que su adulterio constituye una abierta rebelión a la voluntad de Dios. Si la persona aún tiene una conciencia sensible, es posible inducirla al arrepentimiento y lograr la construcción del matrimonio sin llegar a la medida del divorcio.
El comerse las uñas
La costumbre infantil que conocemos como "comerse las uñas" resulta desagradable para la mayor parte de padres. La misma alcanza su cumbre entre los 11 y los 13 años de edad y no tiene ninguna relación con el nivel mental de una persona.
Aunque a la costumbre se le llama "comerse las uñas", realmente son muy pocos los niños que en verdad se las comen. La mayor parte se dedica a morderse las uñas, pero sobre todo a chuparse y moderse la piel circundante llegando algunas veces hasta a provocarse infecciones serias.
Las razones por las que los niños se comen las uñas son diversas. Algunos lo hacen porque exteriorizan mal sus sentimientos. Otros porque son hiperactivos o autoritarios. En general estos niños permanecen en un estado de tensión permanente.
El comerse las uñas, también llamada entre los especialistas onicofagia, es un comportamiento agresivo contra el propio cuerpo. Tal conducta puede ser una prolongación de la succión o de la masturbación.
Esta costumbre debe ser corregida recordando que la misma es sólo la parte visible de una situación conflictiva más compleja. El centrar la atención en el síntoma únicamente puede elevar los sentimientos que provocan la conducta y generar un fuerte sentimiento de culpabilidad debido a la presión de la familia.
El insistir en castigar al niño por tal hábito o el golpearlo o el amenazarlo con enchilarle los dedos son recursos que sólo complican el problema en lugar de contribuir a remediarlo. Recuérdese que el origen de tal práctica se encuentra, en mucho casos, ligada a la mala exteriorización de conflictos familiares.
Tales conflictos pueden ser muy variados: una situación tensa entre los padres, la rivalidad entre hermanos, la inadaptación a determinado medio escolar. La costumbre de comerse las uñas puede ser un hábito pasajero si se toman medidas para aliviar las situaciones que provocan la tensión.
Pero, si los conflictos persisten, el hábito puede arraigarse firmemente hasta pasada la adolescencia. Algunas veces la costumbre puede alcanzar incluso la vida adulta.
Si se desea ayudar a los hijos a superar esta maña es necesario enfocar los esfuerzos en los conflictos que originan la tensión emocional antes que en la conducta propiamente dicha.
Parte de la resolución de la conflictividad emocional debe pasar por un establecimiento de una relación adecuada con Jesús, el Salvador. Quien es una fuente permanente de paz y tranquilidad de conciencia. ¡Cuánto necesitamos de Jesús en todas las áreas de nuestra vida!
Psiquis de guerra en los niños
En un jardín infantil los niños juegan construyendo modelos en plastilina de las torres gemelas. Luego, con más plastilina construyen aviones que comienzan a arrojar contra los modelos de las torres gemelas.
Otros niños de edad escolar dibujan a garabatos las torres gemelas siendo impactadas por aviones que las envuelven con grandes explosiones.
Otros niños, con mayores recursos, bajan fotografías del internet que muestran al segundo avión que se dispone a impactar la siguiente torre gemela para utilizarlas como protectores de pantallas en sus computadoras.
Los casos descritos anteriormente son todos reales y demuestran el impacto que en la psiquis infantil ha provocado la incesante repetición de las imágenes de televisión que muestran la descomunal tragedia ocurrida en Nueva York.
El peligro de tal impacto consistiría en que los niños pierdan la noción de realidad de lo ocurrido. Las imágenes son tan impresionantes que resultan similares a las creadas por los mejores efectos especiales de películas de ficción multimillonarias.
Al menos la reacción de los niños es similar al comportamiento que muestran ante una película de moda. Lo penoso es que esta vez no se trata de una ficción sino de una terrible tragedia humana.
Es responsabilidad de los padres el saber orientar a sus hijos sobre la parte humana de la situación. Se les debe explicar el costo en vidas. No es suficiente mencionarles cantidades. Para los niños los números pudieran no significar mucho. Pero, sí se les debe decir que hubo muchísimos niños que perdieron a sus padres. Muchos padres que se quedaron sin sus hijos. Muchos ancianos, mujeres y jóvenes que murieron antes de comprender lo que estaba ocurriendo.
De esa manera ellos comprenderán que en la vida real las cosas no son como en las películas de ficción. En la realidad las personas verdaderamente mueren, sus familiares sufren y el dolor es real.
También existe el peligro de hacer ver la guerra como una película de vaqueros vengadores donde los malos reciben su merecido. Es necesario hacerles conocer que hasta hoy los malos aún no han sido tocados y que hay ya más de un millón de afganos que están muriendo de hambre sin ni siquiera comprender bien lo que sucede. La guerra es siempre cruel e injusta.
Al mismo tiempo es necesario hacer ver a los niños que nada de esto es correcto. Los seres humanos son todos iguales ante Dios. Sean ricos o pobres. Que las injusticias serán resueltas únicamente cuando los hombres, en sincero arrepentimiento, se acerquen al Salvador y dejen de pensar en la violencia como si se tratase de un juego emocionante.
El sueño del sembrador
El sembrador salió a sembrar la Palabra. Trabajó hasta que el sol cayó. Cansado el sembrador fue a dormir. Mientras dormía soñó que en el mundo ya no había maldad.
Nadie vivía para sí sino para el bien común. El terrorismo era desconocido. No había muertos de ningún bando, porque no había bandos.
El hombre había entendido que lo que se le hace a un hombre se le hace a toda la humanidad y, por ello, nadie lastimaba a nadie.
Palestinos y judíos vivían pacíficamente en la misma tierra. Compartían a Jerusalén no solamente entre ellos sino con las otras naciones, como un patrimonio de la humanidad.
No había hombres-bomba ni tampoco bombardeos aéreos. ¿Para qué se tendría que recurrir a tanta barbarie?
Los niños tenían infancia.
Jugaban, estudiaban y tenían derecho a la inocencia. No había abusos físicos, verbales ni de ningún tipo. Los niños no eran considerados el futuro sino el ahora.
Las mujeres no eran instrumentalizadas. Se las respetaba como a personas. Más allá de su función maternal y cuidado de los niños, se las reconocía como seres con plenos derechos.
En su sueño vio que el mundo entero era diferente. Las inversiones multimillonarias ya no eran para las armas de guerras, ya fuesen inteligentes o tontas, sino para fortalecer la producción agrícola y alimentar a la humanidad.
Ya no había desnutrición, prepotencia ni agresividad. Las relaciones humanas se caracterizaban por los fuertes lazos del amor, el perdón y la justicia. Los insultos ya no se imponían a la razón.
El planeta era considerado casa de todos y se cuidaba de él sabiendo que no se tenía otro. Los hombres vivían de lo necesario. El consumo galopante había cedido ante el imperio de la sencillez y la humildad.
La tierra era llena del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar. De este conocimiento los hombres habían entendido que Jesús es el modelo y que imitarlo es la máxima aspiración de la existencia humana.
El sol comenzó a salir y sus primeros rayos hirieron los párpados del sembrador. Éste despertó de su sueño.
La viabilidad de la vida
En los últimos años han ocurrido una serie de descubrimientos y desarrollos que muestran nuevas caras sobre el tema del aborto o arrojan nuevas consideraciones sobre él.
Una de esas caras es la que tiene que ver con la viabilidad de la vida, es decir, a partir de cuándo es que la vida de un feto es viable. Por mucho tiempo la creencia común era que lo niños son viables sólo durante los dos o a lo sumo tres meses finales del embarazo.
Este es un punto importante al tener en cuenta que la viabilidad ha sido un criterio clave para determinar si una criatura en gestación tiene o no el derecho de vivir. El argumento típico en favor del aborto ha sido que el feto que no puede sobrevivir fuera del seno materno no merece la misma protección legal de su vida que la sociedad otorga normalmente a cualquier persona.
El argumento es débil al considerar que incluso un bebé nacido en el tiempo normal de gestación o aun teniendo dos o tres meses de vida continúa siendo incapaz de sobrevivir sin la asistencia de una persona mayor. Pensar que porque el pequeño bebé no posee la capacidad de valerse por sí solo no tiene derecho a la protección legal es una mala comprensión del sentido y la dignidad de la vida.
Por otro lado, notables avances en la investigación y las técnicas médicas siguen empujando cada vez más atrás la frontera de la viabilidad del feto. Se han registrado numerosos casos de sobre vivencia de bebés nacidos hasta cuatro meses prematuramente.
Puede ser que las nuevas observaciones afecten el argumento y tal vez las disposiciones legales que consienten el aborto inducido o provocado.
Cuanto más sabemos sobre la vida intrauterina, más se confirma la idea de que se trata de una vida humana en proceso de desarrollo.
No puede negarse que las condiciones sociales y económicas de nuestros pueblos no permiten a las mayorías el acceso a cuidados de salud que aseguren el tratamiento de tales males. Sin embargo, eso no invalida el principio que un embarazo es una vida humana en proceso de desarrollo.
Si por limitaciones económicas o por simple egoísmo se rechaza la vida de un bebé debe saberse que se está atentando contra un ser humano. A tal acción debe corresponder un arrepentimiento sincero ante Dios.
Recuerdos imborrables
Las experiencias que afectan más ampliamente a la conciencia pasan a la memoria permanente y ser vuelven imborrables.
Cuando una experiencia impacta vivamente a una persona, pero, además, lleva envuelta elementos sensoriales de olores, sabores, texturas, contactos físicos y si se añaden alteraciones emocionales fuertes al momento de producirse la recepción de datos, se producirán imágenes mentales que pueden quedar grabadas en la memoria.
Seguramente se recuerdan los detalles que se dieron cuando se fue víctima de un asalto, pero difícilmente se recordará qué fue lo que se desayunó ese mismo día. Se recuerdan los detalles del asalto porque es una experiencia que afecta las múltiples facetas de la memoria humana, pero se olvida lo desayunado porque es una actividad tan rutinaria que no implica emociones intensas.
Las vivencias que más conmocionan son aquellas de abuso verbal, físico o sexual. De ellas, probablemente, el abuso sexual sea la experiencia que acusa una gama mucho más amplia de emociones, sensaciones, olores, texturas, algunas veces sabores, y todo ello puede ser magnificado por el uso de la violencia y las sensaciones de dolor.
Por eso los recuerdos relacionados con este tipo de experiencias se vuelven imborrables. Por tratarse de una experiencia desagradable la persona comienza a luchar por olvidar lo sucedido, por enterrarlo en el fondo de su conciencia. Pero pronto se da cuenta de que cuanto más empeño pone en olvidar mucho más vivos se vuelven sus recuerdos.
Tales vivencias han producido, fisiológicamente, no solamente un intercambio eléctrico entre neuronas sino cambios químicos que envían la experiencia a la memoria permanente.
Las personas pueden echar mano de diversos ardides a fin de bregar con sus recuerdos. El más común es el de la negación. Cuando la persona pretende que todo pasó ya. No desea hablar del tema o lo niega. Trata de convencerse a sí misma que ya olvidó lo ocurrido. Pero, tal actitud, en lugar de contribuir a la superación de su problema lo agrava.
La persona interioriza su dolor y éste comienza a hacer estragos en su autoestima, en sus relaciones con otras personas; le fomenta desconfianza hacia los demás; muchas veces se vuelve agresiva. Es allí donde tal persona necesita de ayuda especializada para aprender a manejar sus recuerdos imborrables sin que continúen dañándole.
Respuesta al abuso verbal
Las personas que son atacadas verbalmente pueden encontrar ayuda aprendiendo a reconocer cómo y cuándo sus cónyuges usan palabras para controlarlas y oprimirlas. No pueden enfrentar su problema si no lo ven ni lo entienden.
Las personas que están sometidas al abuso verbal pueden considerarse a sí mismas inadecuadas, ineptas, egoístas y todas aquellas cosas que sus cónyuges les han hecho creer. En su vida reprimida pueden llegar a pensar que no tienen derechos y que no vale la pena que expresen sus sentimientos.
Pero para responder al problema del abuso verbal es importante que las personas reconozcan que sus opiniones son legítimas. Que tienen derechos y que los abusadores no siempre tienen la razón. Las víctimas deben sentirse libres de expresar con firmeza sus puntos de vista y no dejar que el abusador le intimide haciéndole callar o obligándole a adoptar conductas que no son las de su elección.
Es importante que la víctima comience a descubrir los patrones de agresión verbal de su cónyuge. Debe observar cuáles son los momentos y los motivos por los que el abusador arremete. El reconocer los patrones del abusador le ayudará a predecir los momentos y las maneras en que su cónyuge trata de controlarle y castigarle. Así la persona estará mejor preparada para enfrentar el problema cuando ocurra de nuevo.
Abordar casos graves de abuso a menudo exige fuertes medidas correctivas. Puede que alguien no tenga la confianza suficiente para hacerlo sin ayuda. Por eso es importante que busque ayuda de quienes tienen alguna experiencia. Al menos, tal vez necesite conversar con un amigo en quien pueda confiar, o aceptar la ayuda de un pastor o consejero cristiano que comprenda la dinámica del abuso verbal grave.
Algunas víctimas no son capaces de reconocer lo injusto del trato que reciben; pero cuando otra persona escucha el relato de cómo se les trata puede llegar a escandalizarse y hacerle ver que está sometida a una situación anormal. El despertar a tal conciencia es un primer paso para buscar ayuda y procurar una salida.
Con un apoyo espiritual adecuado es posible que una víctima que ha estado sometida a abuso severo supere las heridas y recobre su valoración personal la cual ha sido tan frecuentemente pisoteada. Este será ya un buen paso para sanarse.
Detectando el abuso sexual
Descubrir el abuso sexual no siempre es fácil. Muchas veces las víctimas son amenazadas por sus agresores y, otras veces, piensan que nadie les creerá si cuentan lo que ha ocurrido. Dadas estas condiciones es necesario observar la conducta de los niños que puede ser muy reveladora para detectar este tipo de problema.
El descubrimiento de moretes, heridas o mordidas en el cuerpo puede ser señal del abuso que una criatura puede estar sufriendo. Esta sospecha se refuerza cuando también se descubre enrojecimiento, laceraciones o incluso sangramiento en los genitales. En algunos casos los niños también presentan incontinencia urinaria. Otros síntomas físicos son trastornos del sueño, insomnio o pesadillas recurrentes.
Síntomas de conducta
No en todos los casos de abuso sexual infantil pueden descubrirse señales físicas. El abuso sexual no es solamente la violación propiamente dicha. Algunos abusadores se limitan a cierto tipo de caricias o juegos sexuales buco-genitales que, normalmente, no dejan huellas en el cuerpo de las criaturas. En estos casos es un poco más difícil descubrir el problema. Pero si se observan atentamente los cambios que pueden producirse en la conducta, ellos pueden llegar a convertirse en una buena señal de alerta.
Entre los cambios de conducta se pueden mencionar los comportamientos sexuales precoces, la práctica de juegos sexuales con otros niños, conductas obsesivas como la de bañarse y limpiarse excesivamente.
En otras ocasiones también puede producirse una fuga del hogar sin aparente explicación. Esta conducta, obviamente, obedece a un deseo de escapar. En otros casos lo que ocurre es lo contrario. No pudiendo el niño o la niña expresar su situación y queriendo que la misma se vuelva obvia, puede a exponerse deliberadamente a abusos.
La criatura abusada busca el contacto íntimo con otros, algunas veces con el abusador inicial. Esto lo hace no porque le guste, como normalmente interpreta el abusador, sino porque espera que de esa manera la situación se descubra y pueda así lograr una afirmación de su persona. En todo esto el niño sufre intensamente, pues, se somete a situaciones contrarias a su voluntad con la esperanza de poder así librarse de las mismas.
Reacciones al maltrato
La situación emocional de la mujer maltratada es crítica. Mientras, por un lado, su corazón se llena de miedo, por otro, lucha por sentirse amada y deseada. El temor y la ira se mezclan produciendo en ella reacciones encontradas.
Una de las más comunes es el sometimiento. La mujer busca la paz en su hogar a cualquier precio y huye de cualquier tipo de enfrentamiento. Trata de evitar cualquier reacción violenta de su marido al precio de una sumisión total.
Aunque la mujer pueda estar enojada por el maltrato, se acobarda al pensar en hacer algo que pueda desatar la ira de su esposo. Trata de mantener a su esposo feliz y anda con cuidado para evitar un nueva desavenencia.
El peligro que amenaza a la integridad física de la mujer maltratada es una de las consecuencias del abuso. Pero, igualmente lo es la pérdida de la autoestima, la dignidad y el honor.
La peor situación es la que vive aquella mujer que a fin de conservar la calma en su hogar permite que el abuso continúe y que su autovaloración se debilite.
El otro extremo es aquel en que la mujer responde al abuso de su esposo. A pesar de haber sufrido el dolor del maltrato, a veces, el abuso llega a ser tanto que no puede evitar el reaccionar con ira.
Se siente desilusionada y busca hacerle daño al hombre que la ha tratado mal. En vez de someterse humillándose, como en el caso anterior, busca la manera en que su marido pague por lo que ha hecho.
La mujer sabe que se encuentra en desventaja física frente a su marido, de manera que busca formas de venganza más sutiles. Puede ser el utilizar el sarcasmo para referirse a él. El amenazar con el divorcio y llevarse a los hijos. Dejar de atender a su esposo.
Algunas veces, la mujer puede incluso recurrir al uso de la violencia, devolviendo golpe por golpe, bofetada por bofetada. El entrar en tal espiral es sumamente peligroso y muchas veces los resultados resultan ser fatales.
En algunos casos se produce una combinación de ambas reacciones en la mujer abusada. Hay momentos en que busca la seguridad que le ofrece el andar de puntillas para no molestar a su esposo y, en otras ocasiones, se opone abiertamente al maltrato y se arma de instrumentos amenazantes a fin de no permitir que se la abuse una vez más. Tal es el infierno de la mujer maltratada.
El ciclo del maltrato
¿Cuál es la razón por la que una mujer soporta tanto tiempo el ser maltratada por un hombre? Básicamente es porque la mujer siempre guarda la esperanza que las cosas “un día cambiarán”.
Esta esperanza es alimentada por el hecho que el maltrato se presenta siguiendo un ciclo que se repite una y otra vez.
El ciclo comienza con una etapa cuando la esposa se esfuerza por evitar el enojo de su esposo. Regularmente, en esta etapa, la mujer suprime su propia incomodidad culpándose a sí misma de las cosas que ponen de mal humor a su esposo. Cada vez que ocurre un roce, la tensión en la pareja aumenta hasta acercarse paulatinamente al punto de una explosión. Con ello se desencadena la siguiente etapa.
La fase de maltrato
El motivo que desencadena el abuso severo puede ser casi cualquier cosa que no justifica un desenlace tan violento. El estallido del maltrato puede dejar a la mujer llena de conmoción y de incredulidad. El maltrato se produce mucho más por la acumulación de la tensión en la fase anterior antes que por una razón justificada.
Normalmente la esposa guarda silencio por el maltrato recibido. En muy pocos casos pudiera ocurrir que ella cuenta a sus familiares o incluso a las autoridades lo sucedido al mismo tiempo que se siente culpable por no haber hecho lo suficiente para prevenir el abuso.
La fase de remordimiento
Es cuando el abusador aparentemente se arrepiente del ataque lanzado contra su esposa. Se esfuerza por reparar el daño hecho con actos de bondad y de consideración que no son usuales en él.
Normalmente, la esposa da la bienvenida a esta fase y recibe las atenciones especiales que su esposo le brinda y desea creer las promesas de su marido que las cosas no volverán a suceder.
Ella le concede una nueva oportunidad. En esta etapa es cuando la esposa retira las demandas judiciales y trata de contarle a su familia que su esposo se ha arrepentido y que cambiará.
De esta manera, las condiciones están dadas para que vuelva a iniciarse una nueva fase de acumulación de tensiones que, nuevamente, volverá a desembocar en otro episodio de maltrato.
Clonación y derechos humanos
En la base de la procreación humana se encuentran las relaciones interpersonales y la complementaridad de los géneros. Tales elementos no solamente implican aspectos biológicos sino también personales. Ambos esenciales para el nacimiento y desarrollo de la persona humana.
Para realizar una clonación se requiere un óvulo, privado de su núcleo, para dar lugar al embrión-clon y, por ahora, un útero femenino que no necesariamente debe tener una relación sanguínea con el embrión para que su desarrollo pueda llegar hasta el final. Pero en todo este proceso se encuentran ausentes aquellos elementos que son necesarios e inmanentes a la dignidad humana.
En la clonación la sexualidad se considera un mero residuo funcional y de este modo somete a los seres humanos a las mismas técnicas que se han experimentado con los animales reduciendo el significado específico de la reproducción humana.
Partiendo de criterios arbitrarios se despoja a un ser humano del calor y de la dignidad de la reproducción sexual y todos los elementos que ella implica reduciéndolo a un producto resultado de la tecnología y el laboratorio.
En su calidad de producto final de un proceso de ingeniería genética el clon debe justificar el sentido de su existencia y la inversión económica que supuso.
Al igual que en el caso de la manipulación zootécnica la clonación humana adopta la lógica de la producción industrial que solamente puede ser bajo la condición de la rentabilidad.
Como con todo producto, seá necesario el análisis y la búsqueda de mercados. La experimentación deberá perfeccionarse y mejorarse la calidad de los clones.
Se impondrán las especializaciones en producción para fines militares, deportivos, experimentales y otros.
La producción de modelos nuevos será un imperativo dentro de la lógica de la oferta y la demanda. Tal es el panorama que pinta de llegar a concretizarse la clonación humana.
Las complicaciones éticas de la clonación no son sólo de índole religiosa dado que tocan derechos básicos de la criatura humana que son reconocidos y aceptados hasta por los más escépticos.
La condenación que de la clonación se ha hecho en el ámbito legal en varios países se ha basado no en motivos religiosos sino en el atentado que representa para la persona humana y a sus derechos fundamentales e inalienables de igualdad y de no-discriminación.
Conviviendo en la orilla
Bajo este título, FLACSO El Salvador y el Programa Sociedades Sin Violencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en El Salvador presentaron recientemente el libro que resume el estudio de campo realizado en el Area Metropolitana del Gran San Salvador a fin de indagar la relación que existe entre violencia y exclusión social.
El libro es contundente al establecer la relación de proporcionalidad que existe entre la violencia y la exclusión social, violencia entendida en todas sus modalidades incluido el maltrato intrafamiliar.
La virtud del libro consiste en ofrecer un panorama socialmente amplio sobre el fenómeno de la violencia y demuestra que solamente cuando la problemática de la violencia sea tratada en su compleja dimensión encontrará un cauce de solución.
De la lectura del libro se desprende que las acciones particulares, como el endurecimiento de penas, no serán la fórmula para solucionar el problema de la violencia que hace del Gran San Salvador uno de los centros urbanísticos más violentos del Continente.
Sin negar las secuelas que el reciente conflicto armado salvadoreño abonó a la espiral violenta, el libro avanza y se atreve a señalar que dichas secuelas no constituyen una explicación satisfactoria al problema de la violencia urbana.
Aun sin conflicto armado la exclusión en que vive buena parte de la población del Gran San Salvador es suficiente caldo de cultivo para generar los diversos tipos de violencia que padece actualmente el poblador de la gran ciudad.
Vista desde esta perspectiva la solución al problema de la violencia no puede ser lograda sin antes resolver el problema de la exclusión social. Es decir, sin resolver la problemática de aquellos que conviven en la orilla.
La sociedad puede endurecer las leyes en contra de los violentos, pero mientras la sociedad continúe siendo excluyente, ella misma será la generadora de la violencia que pretende reprimir.
Obviamente, el resolver el problema de exclusión social es una tarea que corresponde a las instancias de gobierno y de administración pública.
Mientras tales autores no pongan en marcha las medidas necesarias para transformar una estructura excluyente, los esfuerzos que se hagan en el ámbito del fomento de valores, de educación, de medidas policiales, de recreación, serán aportes que contribuirán como paliativos del problema; pero nunca como la solución al fenómeno de la violencia.
Manejando los recuerdos
Dado que los recuerdos que han impactado más hondamente a una persona pasan a la memoria permanente se vuelven imborrables. Cuando tales recuerdos se adquirieron como resultado del abuso verbal, físico o sexual, se convierten en fantasmas permanentes que roban la paz de la víctima.
Por ser desagradables, la persona lucha por expulsar de su memoria las imágenes del pasado; pero, con su lucha solamente logra que los mismos se arraiguen de manera más fuerte.
¿Cómo puede una persona tratar con los recuerdos que le provocan tanto mal? En primer lugar, no debe cometer el error de tratar de negar la existencia de tales memorias. Las personas que se dicen a sí mismas: “Eso ya no tiene importancia, sucedió hace mucho tiempo”, solamente están engañándose.
La persona debe reconocer la existencia de los recuerdos, debe también reconocer que son tan fuertes que han marcado sus vidas desde que las cosas sucedieron y que continuarán marcándolas mientras no se tomen medidas para su manejo.
El paso del tiempo no es el remedio para los recuerdos lacerantes. Muchas personas han sufrido a lo largo de toda su vida por recuerdos de hechos desagradables que ocurrieron en su niñez y que nunca fueron tratados adecuadamente.
Aceptado el hecho de que algunos recuerdos son imborrables, la persona debe enfrentarlos. Esto significa exteriorizarlos. Relatar a un consejero lo sucedido enfrenta a la persona con aquellas memorias que ha estado evadiendo por mucho tiempo. Para muchos, el solo acto de relatar lo ocurrido se convierte en una descarga que les proporciona un alivio importante a su proceso de restauración.
Seguidamente, la persona debe comenzar a tomar control de sus memorias. Hasta ese momento han sido ellas las que le han controlado. Ahora es necesario invertir las cosas.
En este proceso se necesita la ayuda de un consejero capacitado que pueda orientar a la persona sobre la manera de poner un alto a la influencia que los recuerdos han tenido sobre sus sentimientos, conducta, reacciones, socialización, etc.
Indicios del abuso sexual
Una de las lectoras de la versión electrónica de esta columna nos cuenta que es egresada de la carrera en Psicología de una universidad mexicana y que su tesis versa sobre el tema del abuso sexual.
Interesada por nuestra presentación del tema nos pregunta si existe algún tipo de test para poder aplicar a los menores y determinar si ellos han sido abusados.
Hasta donde sabemos, no existe tal tipo de test. Y si lo hubiese sería lamentable tener que hacer uso de él para saber si un menor ha sido abusado. Hemos insistido en la importancia de la comunicación entre padres e hijos a fin que los canales para identificar este tipo de situaciones estén siempre abiertos. Lo ideal sería que ningún padre tuviese que necesitar de un test para saber si su hijo ha sufrido un abuso sexual; la comunicación debería ser suficiente.
Cuando la comunicación no se encuentra en sus mejores condiciones existen indicios a los cuales los padres deben estar atentos y que podrían indicar que se ha producido una situación de abuso. Entre esos indicios podemos mencionar cambios repentinos de conducta. Estos cambios pueden incluir llanto, miedo a las personas, miedo a quedarse solo, silencio, alejamiento de la familia.
También pueden producirse situaciones fisiológicas tales como alteraciones de los hábitos de sueño y alimenticios. Algunas veces el menor abusado pierde el control de sus esfínteres y comienza a orinarse en la cama o en circunstancias que antes no acostumbraba.
Una baja repentina en el rendimiento escolar es otro signo al cual hay que estar atentos. Algunas veces los menores también desarrollan conductas precoces de tipo sexual. Puede presentarse la masturbación o un tipo de interés sexual que pueden incorporar en sus juegos con otros menores.
A ciertas edades los menores pueden también manifestar una conducta compulsiva hacia los hábitos de limpieza. El lavarse las manos excesivamente o el bañarse largamente o varias veces al día pueden ser signos de abuso. También es necesario mencionar los estados anímicos. Actitudes depresivas o sentimientos de muy baja autoestima. El no considerarse capaces de asumir retos o salir adelante con una asignación.
Obviamente, no siempre estos indicios se presentarán de manera conjunta. Cada víctima manifiesta su propio grupo de síntomas. Si un menor manifiesta poseer varios de éstos indicios lo mejor es buscar de inmediato ayuda especializada a fin que la víctima pueda recibir el auxilio que necesita para sobreponerse al abuso sufrido.
El niño clonado
Ante la posibilidad de que en el futuro la soberbia humana llegue al punto de realizar la clonación humana es importante explorar el entorno alrededor del cual la criatura clonada se encontrará.
El hecho mismo de ser un clon es ya una ofensa a la dignidad de la persona clonada, quien vendrá al mundo en calidad de “copia”, aunque sea sólo copia biológica, de otro ser.
La ofensa reside en el íntimo malestar que se producirá en el clonado cuya identidad psíquica corre peligro por la presencia de su “otro”.
Se podría pensar que el conflicto de identidad psíquica puede superarse por medio de un pacto de silencio por el cual la criatura clonada no se enterara de que es el resultado de una copia biológica de otra persona.
Pero tal idea es contraria a la lógica de las intenciones que alimentan a la clonación. Porque la criatura fue clonada precisamente para que se asemejara a otra persona que valía la pena clonar.
Nadie se interesaría en una clonación al mismo tiempo que tuviera que renunciar a la posibilidad de observar el resultado del experimento.
En otro aspecto, la dignidad de la criatura clonada es también violentada desde el momento en que por ser una copia de “otro” recaen sobre él atenciones y expectativas que constituirán un atentado descomunal contra su subjetividad personal.
La persona no será apreciada por su identidad propia sino en la medida que se asemeje a la cepa de la cual fue clonada. Significa esto imponer una carga que niega al niño clonado sus propias particularidades a fin de lograr su semejanza al modelo que vale la pena ser.
Si bien la clonación asegura la similitud física de la criatura clonada, no puede asegurar la similitud caracterológica. La personalidad del individuo es determinada por factores que van más allá de los elementos biológicos.
El ambiente, la educación, los ejemplos e incluso la época en que se nace fraguan el ser del individuo.
Desde el momento en que el niño clonado nace en condiciones y en una época diferente al modelo su psique poseerá características propias y distintas al modelo.
Estas particularidades del ser clonado son las que se le negarían en tanto que se le fuerza a satisfacer expectativas para las cuales su información genética fue determinada.
Mitos sobre el maltrato
Revisemos algunos mitos de los abusadores para justificar el maltrato a sus esposas. Algunos piensan que hay hombres que no tienen control para manejar su enojo y recurren al abuso.
Lo extraño es que si fuese cierto que estos hombres no tienen otra opción para expresar su frustración más que el abuso también deberían ser violentos en sus trabajos, con sus jefes, con sus vecinos, con sus amigos y con sus familiares.
Pero la realidad es que la mayoría de los abusadores dirigen su maltrato específica e intencionalmente hacia sus mujeres.
El aceptar este mito de la pérdida del control resulta peligroso porque permite al abusador evadir la responsabilidad por sus acciones.
Otro recurso para evadir responsabilidades es justificar el maltrato como un producto de una dependencia alcohólica o de drogas. No se puede dudar de que el alcohol o las drogas sumadas al maltrato llevan a resultados funestos.
Pero, en la mayor parte de casos el alcohol complica el problema pero no es la causa fundamental que produce el maltrato.
En algunos casos donde las personas han recibido ayuda para abandonar su dependencia alcohólica, la raíz del abuso permanece intacta. El alcoholismo debe ser tratado en el abusador al mismo tiempo que se le confronta con su agresividad.
Otro mito para justificar el maltrato es el echar la culpa a las mismas mujeres abusadas. Señalan que las mujeres lo que desean es llamar la atención y lograr la compasión de otras personas y por eso buscan incitar a sus maridos a la violencia.
Este mito es fácilmente desmentido porque es conocido que la mujer maltratada mantiene el abuso como algo privado. Las mujeres maltratadas no buscan la compasión de otros. Ellas mantienen el silencio por vergüenza o por miedo a la reacción de su esposo si informan lo que está ocurriendo. Algunas mujeres tienen una capacidad de lógica y razonamiento superior al de sus esposos y eso les permite salir triunfantes en alguna discusión verbal. Pero tal triunfo hace sentir al hombre abusador débil e incompetente y, entonces, sobreviene la ira.
Cuando el hombre recurre al maltrato existe un elemento moral que da aún más la razón a la mujer ante el hecho que no teniendo más argumentos se recurre a la fuerza.
Pero aún en estos casos no se puede hablar de que la mujer sea la culpable del maltrato. Nadie debe cargar con la responsabilidad por el comportamiento abusivo de otro.
Armas poderosas
Jesús es el más grande pacificador de la historia humana; pero, es algo más, Jesús es la paz misma. Él vino para instaurar un reino que aspira a tomar control del planeta entero.
Este proyecto fue iniciado hace dos mil años y, desde entonces, es el proyecto más antiguo que, lejos de diluirse con el paso de los siglos, cada día se fortalece más.
La sobrevivencia de tal Reino se debe a las poderosas armas sobre las cuales se fundamenta. Esas armas son las del amor, la justicia y la verdad. Ninguno de estos elementos han podido ser derrotados jamás.
El mismo Rey Jesús fue asesinado, pero sus enseñanzas sobre el amor, la justicia y la verdad fueron fortalecidas con la muerte de su proclamador. Más poderosa que la violencia es el amor; más fuerte que el abuso es la justicia, y más fuerte que la mentira es la verdad.
Muy pocos proyectos han logrado superar los cien años, pero el proyecto de Jesús continúa más fuerte que nunca después de veinte siglos. Tal ejemplo nos debe enseñar que no es la fuerza o la superioridad armamentista lo que asegura la seguridad de un pueblo o una nación; son la verdad, la justicia y el amor los que vuelven invencibles a quienes norman sus vidas de acuerdo a estos principios.
Estos valores deben ser transmitidos en el seno mismo del hogar, la primera escuela de la vida. Si los padres se esfuerzan por mostrar, con el ejemplo, la práctica de las virtudes mencionadas, existen fuertes probabilidades de que los hijos seguirán tales ejemplos. El renunciar a la venganza, el desquite y la amargura para sustituirlas por el amor mostrará a las nuevas generaciones el camino por seguir y que les mostrará que es un camino de fortaleza y no de debilidad.
La verdad en todos los aspectos de la vida contribuye también a fortalecer el carácter de los hijos, quienes aprenderán el poder que el uso de la verdad tiene. Jesús es la verdad y por esa razón venció incluso la muerte, cosa que ningún tipo de arma puede lograr.
La práctica de la justicia, el amor y la verdad son posibles únicamente cuando nos encontramos con Aquél que es la justicia, el amor y la verdad. Jesús, el Hijo de Dios.
Tener un encuentro con El, que transforme nuestra estructura de vida, hará que, paulatinamente, los valores de su reino vayan desplazando los poderes de este mundo hasta que su reino sea establecido en plenitud. Entonces, no habrá más guerras ni se ensayarán más para la guerra, las lanzas serán transformadas en instrumentos de labranza.
La familia y el estrés
A medida que la vida impone expectativas que son difíciles de alcanzar, las personas comienzan a verse involucradas en muchos más asuntos que los que pueden manejar sanamente.
Aparte de las obligaciones diarias, las expectativas excesivas pueden colocar una carga adicional. Parte de esta carga extra pueden ser cosas malas que van acumulándose, como una relación no constructiva, deudas cada vez mayores, una creciente obsesión por el dinero y las posesiones, un hábito pecaminoso que va destruyendo paulatinamente, críticas y una serie de cosas que sin ser esenciales para la vida comienzan a hundir a aquellos que se preocupan excesivamente por ellas.
Algunas de las situaciones que provocan estrés en las personas no son malas en sí mismas. Son compromisos que separados pueden ser neutrales e incluso útiles. Pero juntos, forman una masa crítica que se vuelve demasiado para cualquiera.
En medio de la ansiedad normalmente se olvida lo que más importa: las personas. Con todas las presiones que tiene la gente para lograr más cosas, sus seres queridos van quedando poco a poco en los rincones de sus vidas.
La negligencia no es premeditada. Más de un hombre deja a su esposa de lado por ir en pos de sus metas profesionales. Más de una mujer se encuentra ausente en los momentos más importantes de sus seres queridos porque se concentra en un empleo o incluso en una responsabilidad religiosa.
Bajo este marco los mismos compañeros de trabajo o empleados pueden convertirse en funciones más que en personas con necesidades. Cediendo a las presiones de la vida quienes se encuentran ansiosos convierten a los que están cerca en fuentes de información, transporte, servicio, producción.
Al seguir por ese camino los proyectos, calendarios, fechas límites, presupuesto, etc. terminará colapsando. Tal pérdida puede ser grande pero no es el final. Lo que no se debe perder es a quienes se ama. Si un desastre en los planes lleva a una persona de nuevo a sus seres queridos la crisis habrá valido la pena. Siempre podrá comenzar de nuevo.
La fe, generalmente, tiende a ser muy pasiva. Pero cuando una crisis golpea es entonces cuando se pasa de los pies a las rodillas y Dios se convierte en algo más que alguien que “nos ayuda”: llega a ser la única esperanza.
Hablando del sufrimiento
Sin pretender conocer ni entender la profundidad del dolor humano, pues cada sufrimiento tiene su propia y única cualidad, hay elementos comunes que se pueden señalar dado que no existe un ser humano que no tenga que afrontar algún tipo de pérdida en su vida.
Ya sea que se haya perdido a un padre, una madre, el cónyuge, el hijo o la hija, el matrimonio, la fertilidad, el empleo, la reputación, el vigor de la juventud o el sentido de utilidad desde la jubilación, el sentimiento que viene es el de la aflicción.
La aflicción es una condición con la cual cuesta lidiar. Lo cierto es que no todas las personas pueden manejar adecuadamente la aflicción. Hay quienes abrumados por el dolor no pueden seguir adelante con sus vidas de manera sana.
Al igual que todas las cosas de la vida es necesario aprender a manejar el dolor. El dolor se aprende a manejar cuando se presenta en dosis menores. Si se aprende a afligirse adecuadamente por las pérdidas menores de la vida, cuando sobrevengan las aflicciones mayores habrá una fortaleza interior que faculta a la persona para salir adelante en las peores crisis.
El dolor sobreviene cuando nos damos cuenta de que no tenemos el control de la vida. No lo tenemos sobre nuestra salud, el empleo, la fidelidad del cónyuge ni sobre la muerte. Esa vulnerabilidad es la que hace verse al ser humano en indefensión de los peligros y riesgos de la vida diaria.
Lo recomendable para una persona que está experimentando el dolor es que pueda expresar lo que siente. Por convencionalismos sociales tenemos la inclinación a no hablar sobre nuestras aflicciones y sentimientos. Incluso, aquellos que tratan de hacerlo, pronto reciben un “no esté hablando de eso que le hace daño”.
Lo verdaderamente dañino es no expresar los sentimientos de dolor. Las pérdidas obligan a abrir las intimidades del corazón, las cuales ni siquiera se admitiría que existen y mucho menos se enfrentarían. En lugar de evadir la realidad es mejor enfrentarla.
Jesús habló ampliamente sobre sus sentimientos de tristeza, de dolor y de angustia. Como ser humano, él tampoco estuvo exento del sufrimiento. Su ejemplo nos enseña que en los momentos de dolor nuestra mejor ayuda se encuentra en expresar la aflicción a la vez que encontramos fortaleza espiritual al apoyarnos en Dios.
Soluciones al maltrato
Una de las primeras cosas que la mujer abusada debe hacer para frenar el maltrato es el comprender la naturaleza de un matrimonio estable. El maltrato verbal y físico no son parte de un matrimonio bien avenido.
El abuso contra la mujer sólo se produce en un matrimonio donde las cosas no están marchando con normalidad. Si una mujer es maltratada por su esposo, debe comprender que tal situación es una aberración de la idea del matrimonio. Tampoco es cierto que el destino de la mujer casada deba ser el de “aguantar” al marido.
Todas esas ideas, sin fundamento, sólo contribuyen a que la mujer tenga una idea distorsionada sobre el matrimonio, que le impide reconocer las cosas que están mal con su pareja. Así que, una vez más, el maltrato no es normal.
Otro elemento importante en la solución al problema del maltrato es el recordar que el abuso sigue un ciclo definido cuyas principales características hemos descrito en otra ocasión.
Dentro del ciclo del maltrato existe la etapa del remordimiento, durante la cual el abusador muestra arrepentimiento por haber maltratado a su mujer y pide perdón ofreciendo cambios para el futuro.
Pero esta etapa no es más que el inicio de un nuevo ciclo que terminará en una nueva expresión violenta.
Si la mujer no comprende que tal remordimiento es solamente parte de un ciclo de maltrato, puede inclinarse a alimentar la esperanza de un cambio en la conducta de su esposo y esperar que “esta vez sí” las cosas cambiarán.
Obviamente, se debe dar al marido la oportunidad de demostrar que su arrepentimiento es sincero y esperar muestras de un cambio real. Pero, si sus palabras no son más que la expresión de una resaca de la violencia de la noche anterior, la mujer debe comprender que no debe continuar confiando más en sus palabra y debe pasar a tomar otro tipo de medidas para solucionar su problema.
De ahí que sea tan importante que la mujer maltratada pueda conocer la naturaleza de su problema con el fin de poder reconocer aquellos elementos que pueden ser engañosos a la hora de decidir hacer algo por solucionar el problema. Siendo el maltrato de carácter privado, es la mujer abusada quien debe tomar la iniciativa en la búsqueda de una solución y esa solución debe comenzar por un reconocimiento que existe un problema real con el conjunto de síntomas que le son inherentes.
Estableciendo límites
Anteriormente hemos hablado sobre la necesidad de establecer límites de protección como de educación en los hijos. Enseñar a los hijos a decir "no" es una de las protecciones verbales que les permiten establecer un límite entre lo que desean y lo que no, entre lo correcto y lo incorrecto.
Por otra parte, hemos también hablado de la necesidad de enseñar a los niños a aceptar un "no" por respuesta. Eso es parte de su educación. De la manera que deben ser enseñados a establecer límites deben también aprender a aceptar los límites establecidos.
Es necesario agregar que los padres deben ser sabios en la manera de establecer límites a sus hijos. Es muy fácil caer en la costumbre de decirles "no" a los hijos por todo.
"No, no puedes ir afuera". "No, puedes comer eso". "No, no puedes tocar eso". "No, no podemos ir donde deseas". Aunque todas las negativas anteriores pueden tener una razón de ser, se pueden aplicar de manera que se haga respondiendo afirmativamente a cada una de ellas.
Pero, ¿acaso no es una contradicción establecer un "no" a través de un "sí"? Claro que lo es. Pero estamos hablando de establecer límites de una manera que los hijos no perciben que les negamos todo. Igual que en la ilustración del niño de tres años que ha tomado un chuchillo por el filo en su mano. Si uno trata de quitárselo seguramente que lo sujetará con más fuerza y lo peleará. Resultado: una cortante herida.
En vez que intentar quitárselo, los padres pueden tomar otro objeto más atractivo para el niño. Mostrárselo, interesarlo en el nuevo objeto sin mostrar alarma por que tiene en su mano un cuchillo. Al ser llamada su atención se puede establecer un acuerdo de darle el nuevo objeto si nos entrega el cuchillo. Así se produce un intercambio no agresivo y se protege la integridad de la criatura.
Se trata de ser sabio y saber ofrecer una alternativa en lugar de una negativa contundente. El "no puedes comer eso", puede ser cambiado por un "hay algo mejor que tengo guardado y que creo que te puede gustar mucho…
¿Pero donde lo puse?" Seguramente que el niño se interesara en ayudar a papa a buscar y terminara por cambiar su deseo. "Padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino edúquenlos en la disciplina e instrucción del Señor" (Efesios 6:4)
Autores de decisión
Nuestras reflexiones anteriores ponen de relieve que las decisiones en torno al aborto son también expresión de poder sobre la vida humana en gestación. Además, las decisiones en torno al aborto implican poder sobre la vida, la salud y el cuerpo de la mujer; y también se ejerce poder en relación con la dignidad y la reputación de las personas involucradas.
La realidad del poder se manifiesta crudamente cuando se incluye en el cuadro los aspectos económicos y legales sobre el aborto. Se pueden comparar las posibilidades de las mujeres ricas y las pobres que se han decidido por el aborto: las pudientes que tienen recursos a su alcance para hacerlo de manera discreta y en condiciones higiénicas, mientras que las más pobres a menudo recurren al aborto clandestino, que pone en peligro su salud y su vida misma.
La mayoría de mujeres que mueren a consecuencia del aborto son personas pobres que no han tenido a su alcance los medios de protección y seguridad para llevar adelante su decisión.
En todas las controversias en torno a la legalización del aborto este es un poderoso argumento para quienes defienden el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y sobre el aborto.
Se señala la hipocresía de la sociedad que tiende a ignorar el aborto de los que tienen medios económicos, mientras discrimina cruelmente contra los pobres al no poner a su alcance los medios legales y médicos para preservar la integridad física y emocional de las madres.
En este sentido, los defensores de la libre opción por el aborto también destacan que todo equivale a que terceras personas, y el Estado mismo, tomen una decisión por adelantado a favor del embrión y en contra de la mujer embarazada.
En la decisión en favor de la vida es necesario que la misma sea tanto de la mujer como de la pareja en sí, en el marco del apoyo familiar y comunitario y especialmente de la comunidad de fe.
Se deben proveer los medios y recursos a fin de inclinar la balanza en favor de la vida del ser humano en gestación sin abandonar a su propia suerte a personas de escasos recursos económicos.
Las peores decisiones son siempre las que se toman en soledad.
Orientaciones familiares
Soluciones al maltrato
El hombre que maltrata a una mujer sabe que está haciendo algo indebido. Por eso se esfuerza por ocultarlo y evita que la mujer divulgue lo que sucede a fin de proteger su imagen y evadir consecuencias legales.
Por la misma razón, una mujer que es maltratada puede solucionar su problema de abuso no participando con un silencio cómplice. Por el contrario, debe comunicar lo que está sucediendo. Algunas mujeres se resisten a contar que son maltratadas en sus hogares porque hacerlo equivale a dar a conocer que su matrimonio ha fracasado.
Un problema de maltrato ante el cual no se hace nada tenderá a incrementarse y puede alcanzar niveles fatales. Por ese motivo, una mujer maltratada debe buscar cortar el problema en su origen antes que alcance dimensiones peligrosas y que, al fin y al cabo, terminarán por salir a la luz. Es mejor que la mujer sepa manejar lo que está sucediendo con las personas con quien ella desea compartir su problema y no que las cosas salgan a la luz por la vía del escándalo.
Por las mismas razones, el hombre abusador también trata de mantener a la mujer aislada. Le evita tener amistades, limita o suspende del todo la visita a los familiares, controla las llamadas telefónicas o prohíbe totalmente a su mujer responder al teléfono, siempre está presente cuando ella habla con otras personas. Algunas veces, el aislamiento puede tomar características físicas, como el confinamiento de la persona a la casa y, a veces, la erección de muros que rodean la vivienda.
La mujer, en busca de solucionar su problema, debe romper tal aislamiento y acudir a sus familiares y amigos. No debe permitir que le cierren sus vías de comunicación ni que la encierren por tiempo indefinido. Debe contar abiertamente lo que ocurre y no apenarse por una situación en donde el único que debe avergonzarse es el abusador.
Si todos los intentos por lograr la reforma del hombre que maltrata fracasan, la mujer debe acudir a la protección legal como recurso definitivo para escapar de las amenazas, obtener protección personal y un castigo contra el abusador.
En esta lucha por vencer el problema del maltrato la mujer llegará a necesitar mucha fortaleza espiritual. Apoyarse en Dios y en la comunidad de cristianos será un elemento de apoyo importante que la alentará para librarse a sí misma y a sus hijos de una situación anormal y peligrosa.
Ayudando al deprimido
La depresión la hemos descrito como una espiral de tipo descendente donde la persona va superponiendo una dificultad a otra hasta caer en la total desesperanza. Aunque toda depresión tiene en su génesis un problema no puede decirse que tal problema sea la causa directa de la misma. Más bien lo es el hecho de dar una respuesta incorrecta a dicho problema.
La única manera de ayudar a una persona deprimida es asistiéndola para que inicie un esfuerzo dirigido a detener la caída en espiral y a revertirla. En lugar de compadecerse y preocuparse la persona debe dirigirse al problema que fue el origen de sus sentimientos y afrontarlo en busca de una salida.
Primeramente la persona debe preguntarse ¿en qué consiste el problema que tengo? Para una respuesta objetiva la persona debe tomarse el trabajo de escribir su respuesta tratando de ser lo más concreta y breve posible. Se debe separar los sentimientos del problema real y describirlo tal y como es en la realidad.
La definición del problema es importante porque ayudará a la persona deprimida a afrontar una dificultad a la cual ha dado una respuesta incorrecta o ninguna. Consecuentemente se desata una superposición de dificultades que termina abrumando a la persona.
En segundo lugar, una vez definido el problema, la persona debe preguntarse ¿qué es lo que Dios quiere que haga sobre este problema? La respuesta a esta pregunta es esencial. Una respuesta inadecuada únicamente profundizará la depresión o la complicará. En el hecho de dar la respuesta adecuada reside la resolución del conflicto y la subsiguiente depresión.
La persona no debe inventar la respuesta. Ella se encuentra en la Biblia. La ayuda de un pastor es aquí determinante para encontrar la respuesta a lo que Dios desea que se haga sobre el problema desde el punto de vista escritural.
En tercer lugar, establecida la respuesta bíblica, la persona debe proceder a su ejecución. El mismo pastor puede orientarle en cuanto a cuándo, dónde y cómo debe empezar.
En general, la persona debe dar el primer paso tan pronto como pueda. Postergar la acción solamente contribuirá a ahondar el ciclo depresivo. Si es necesario la persona debe ser animada firmemente a ejecutar la acción correcta cuanto antes.
El amor perdido
Otro de los mitos que rodean al matrimonio es el que podría llamarse el del amor perdido, el cual está arraigado en la creencia de que el amor es sólo un sentimiento.
Una vez que los intensos afectos iniciales hacia una persona quedan enterrados en la realidad de la vida juntos, muchos creen que el amor llegó a su final.
Las parejas temen haber perdido el amor y empiezan a dudar de que alguna vez puedan volver a enamorarse. Desde esta perspectiva, la decisión y el compromiso no se ven como parte importante de la relación. El amor es considerado como un sentimiento que es frágil e inestable.
La desilusión acaba con las esperanzas de las parejas que una vez, de pie ante un altar, se prometieron mutuamente estar juntas “hasta que la muerte nos separe”. Muchas veces, los sueños destrozados y los corazones quebrantados terminan en los tribunales para disolver con dolor lo que comenzó con esa promesa.
Con una frecuencia alarmante, la gente se deshace de las relaciones deterioradas como si fueran muebles viejos. A veces no hay otra alternativa. Pero a menudo lo que se necesita es una nueva visión de lo que se podría restaurar en vez de desechar.
Los matrimonios desgastados y deteriorados muchas veces se pueden restaurar. Aun después que los sueños originales se han estropeado y quedan cicatrices, hasta el punto en que se cuestiona el valor del matrimonio, puede haber esperanza.
La entrada del pecado en el universo ha dejado el mundo de tal manera que constantemente se frustran los mejores esfuerzos de la humanidad por hacer que la vida y las relaciones marchen bien.
Pero también es evidente que Dios toma ocasión del estado del mundo bajo pecado con la intención de mostrar al hombre que las cosas pueden mejorar y funcionar si las parejas aprenden a apoyarse en El y en su Palabra. Las dificultades matrimoniales pueden ser la ocasión adecuada para acercar a Dios a hombres y mujeres extraviados que necesitan respuestas.
Aunque a veces se violan los pactos conyugales y no se pueden reparar, la mayor parte de parejas pueden hallar una nueva esperanza en el Dios que quiere una oportunidad para enseñarnos a amarnos unos a otros como Él nos amó primero.
En esto reside una enorme cantidad de posibilidades que surgen cuando al mayor de los carpinteros se le permite mostrar lo que puede hacer con las vidas echadas a perder en un hogar.
Zanjando diferencias en el matrimonio
Un matrimonio armonioso no es el resultado de la unión de dos personas que piensan de manera idéntica sobre los temas de la vida, mas bien es la unión de dos personas que teniendo opiniones diferentes o contrarias aplican las medidas necesarias para vivir en armonía.
Una pareja puede tener diferencias en cuanto a muchos puntos de vista pero la mayor parte de ellos son superables si se aplica el empeño suficiente. Los matrimonios se concertan, generalmente, sobre la base de una afinidad en los elementos sustanciales de la vida. De ahí en adelante los demas temas son de relativa fácil solución.
La manera de lograr una comunicación funcional inicia por reconocer la libertad que cada uno tiene de expresar sus ideas. Es posible que tales ideas sean correctas, erróneas o incompletas. Pero, en todo caso, reflejan el pensar de la persona.
En la expresión de las opiniones propias las personas deben hacerlo de manera respetuosa y serena. No es necesario utilizar las palabras hirientes para defender los puntos de vista. La excitación en la exposición del pensamiento únicamente nubla la comprensión de lo que se quiere decir.
Para darse a entender algunas veces es necesaria la repetición. La persona no debe llegar al cansancio ni a la exasperación por tener que explicar una y otra vez sus puntos de vista. Debe recordar que a mayor repetición mayor comprensión de sus opiniones se logrará.
Tan importante como saberse expresar es el saber escuchar. El no interrumpir a una persona cuando habla, el escuchar sus argumentos completos son elementos importantes para que la comunicación se instituya.
Es posible que no se esté de acuerdo con todo lo que la otra persona dice, pero el saber esperar hasta el final es una muestra de respeto a sus opiniones y una base para poder expresar luego las ideas personales.
Una vez se han expresado las opiniones es necesario llegar a acuerdos sobre lo hablado. Estos acuerdos deben ser el producto de una negociación donde cada parte establece los límites hasta donde puede ceder a fin de lograr la armonía matrimonial.
El ceder no significa doblegarse o perder la dignidad, significa extender la tolerancia hasta donde sea posible. Una vez hecho esto luego se descubrirá que se puede ceder todavía un poco más. La práctica de ceder nos enseña a ceder un poco más. Quien nunca cede piensa que tal cosa no es posible y, por lo mismo, nunca lo hace.
El orgullo humano es contrario a la flexibilidad. Pero, al ceder la persona descubrirá la ganancia del perder. Aunque se pierde al ceder un poco en las posiciones personales se gana en cuanto a armonía en el hogar.
Ayudando a quien sufre
Cuando Jesús caminó por nuestro planeta se encontró con muchas personas que tenían dolor. Una de esas ocasiones fue cuando se encontró con María y Marta, cuyo hermano,Lázaro, había muerto a causa de una enfermedad.
Al encontrarse con estas mujeres, Jesús desarrolló un modelo para ayudar a quienes tienen dolor. Los principales elementos de ese modelo son:
Saber escuchar
Cuando una persona tiene dolor es conveniente que ventile sus sentimientos relacionados con la tragedia. Esos sentimientos pueden ser retrospectivos, de culpa, de reclamo, etc. La reacción de las hermanas de Lázaro fueron de reclamo. Específicamente contra el Señor Jesús (Juan 11:21 y 32). A pesar que sus reclamos eran repetitivos, Jesús las escuchó. Permitió que ellas expresaran su dolor.
Escuchar a las personas hablar sobre sus sentimientos representa una forma de ayuda. Tratar que las personas no hablen más del asunto, que olviden lo ocurrido o que no lloren más son actitudes contraproducentes que pueden llevar a quien tiene dolor a un ciclo depresivo.
Solidarizarse
Solamente las personas que han pasado por una circunstancia dolorosa pueden comprender el significado que tiene el acompañamiento sincero de sus amistades. Aunque Jesús tenía sobradas razones para no sentirse apesarado, supo identificarse solidariamente con el dolor de aquellas mujeres. Jesús lloró (Juan 11:35).
El saber acompañar al sufriente, saber compartir su pena y comprender sus sentimientos son elementos de gran ayuda para quien atraviesa momentos difíciles.
Fortalecer la fe
Jesús avivó la fe de las mujeres en las enseñanzas que él había impartido sobre la vida y la muerte. El dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). El recordarles tales verdades reanimó a aquellas mujeres.
La reflexión en las verdades espirituales ha demostrado ser un fuerte factor de consuelo a las personas abatidas. Tal consuelo se basa en una fe sincera en el Hijo de Dios. Al creer en El con arrepentimiento honesto se obtiene una base sólida de apoyo.
La pareja infértil
Cuando una pareja se da cuenta de que no le es posible concebir un bebé después de varios intentos o cuando existe una confirmación médica que establece que la pareja es incapaz de concebir, sobreviene primeramente un sentimiento de sorpresa.
Seguidamente, la pareja tiende a experimentar dolor, enojo y a preguntarse “¿por qué?”. A esto sigue una inclinación a alejarse de las amistades y a veces hasta de la parentela con el propósito de evitar las preguntas sobre el tema.
Algunas parejas experimentan tanto dolor que evitan el verse en situaciones donde se encuentren rodeadas de niños. Por ejemplo, evitan ir a un cumpleaños sabiendo que en ese lugar habrá muchos niños, lo cual les puede resultar incómodo.
Se ha demostrado que muchas parejas con problemas de fertilidad se muestran renuentes y hasta avergonzadas de admitir su problema.
Generalmente, esto ocurre con parejas que piensan que la infertilidad es un problema que está relacionado con su rol masculino o femenino. Por la misma razón las parejas se sienten incómodas al tener que considerar la necesidad de ir a un médico.
Los parientes y amigos de tal pareja pueden sentirse muy interesados en querer ayudarla, pero es necesario evitar ejercer una presión cuando los cónyuges no muestran un deseo de hablar sobre el tema. En todo caso se debe mostrar interés en la situación de la pareja para que ella sepa de su disposición para hablar del tema en el futuro.
La mayor parte de parejas con problemas de fertilidad se encuentra atrapada en un ciclo de esperanza-desesperación. Al principio de cada mes existe la esperanza que esta vez las cosas pueden ser diferentes; pero, a medida que los días transcurren, la presión, la ansiedad y la desesperación se incrementan cuando el embarazo no ocurre.
Este ciclo puede crear tensión y alterar la estabilidad marital reforzando el ciclo y retrasando aún más la posibilidad de una concepción.
La presión puede conducir a la pareja a hacerse señalamientos mutuos de culpabilidad. El apoyo de amigos o familiares es muy importante como también es importante la confianza en Dios, que, al final, es quien tiene sus propios planes y propósitos con cada ser humano.
El recibir con fe los planes divinos puede conducirnos a descubrir en ellos una fuente de sentido y significado para la vida que permite sobrellevar cada uno de sus momentos.
El ser humano enfrenta temores ante lo desconocido, lo imprevisto o hacia aquello que sobrepasa su capacidad de dominio. Si la persona no encara el temor de manera adecuada puede terminar por sufrir una crisis nerviosa y, en el caso de temores que persisten por mucho tiempo, puede sufrir diversas enfermedades.
Existen varias cosas que las personas pueden hacer para manejar el temor. Algunas son estas:
La racionalización
Muchos de los temores pueden ser infundados. Es decir, que no tienen una base lógica que justifique el nivel de miedo que se experimenta. Aun en situaciones de peligro reales la racionalización puede ubicarnos objetivamente dentro de las circunstancias para saber si nuestros temores no están yendo más allá de lo debido.
La información fortalece la racionalización. Si tenemos conocimiento de los fenómenos, de sus características y su desarrollo podremos reaccionar de manera más reflexiva y menos emotiva.
Las precauciones
Una vez identificado el peligro de manera objetiva, procede tomar las medidas adecuadas para prevenir en la medida de lo posible mayores males. Los peligros siempre continuarán siendo imprevisibles y continuarán estando fuera de nuestro control. Pero, con el conocimiento de los fenómenos, podremos tomar las medidas de protección que impidan vernos sorprendidos.
Es importante seguir las recomendaciones de los expertos y de los conocedores de la materia referida a las situaciones que originan el temor.
La fe
Aun cuando el hombre se informe y tome las medidas necesarias para minimizar los riesgos, la posibilidad de una contingencia negativa no podrá ser reducida a cero.
Ante esta realidad el hombre debe buscar seguridad y confianza en Dios, quien tiene dominio sobre elementos que el hombre no puede controlar.
Desarrollando una relación de amistad personal con Dios, se puede tener paz en medio de las dificultades y disfrutar de una sensación de seguridad al reconocer que más allá de nuestras fuerzas existe el brazo todopoderoso de Dios que nos ayudará y protegerá.
Palabras hirientes
El abuso verbal puede adoptar diferentes modalidades pero el daño emocional que produce al final resulta igualmente perjudicial. El abuso verbal puede ir desde el insulto abierto hasta la ironía sarcástica.
El abuso verbal puede depender también de la fuerza de la voz. El gritar o levantar la voz, aunque no sean insultos, es también abuso verbal. Explotar y gritar cosas como “¿Y a ti qué te pasa?” o “¡Cállate y déjame tranquilo!” atemoriza a la otra persona permitiendo al cónyuge que grita sentirse fuerte y ejercer dominio sobre ella.
El abuso verbal puede adoptar formas un poco indirectas como cuando se utiliza el sarcasmo en frases tales como “sí, cómo no”. Tales expresiones restan importancia al punto de vista del cónyuge y lo condenan. El uso del sarcasmo o de la ironía frustra a la otra persona, la cual podría optar por guardar silencio para evitar que se sigan usando sus palabras para fabricar un nuevo ataque.
Bajo tales condiciones el diálogo se vuelve estéril y deja al cónyuge ofensor encargado de la situación y en una posición de ventaja, al menos verbal, sobre la otra persona.
Otras veces el abuso verbal se manifiesta en una constante tendencia a culpar a la otra persona. Esto permite a un cónyuge quedar exonerado e imponer la culpa al otro.
Cuando algo sale mal siempre será por culpa de la otra persona.Por ejemplo, una esposa pide a su esposo que le haga una llamada telefónica, y luego lo regaña por hacerlo en un momento que resulta inadecuado para ella. Tanto si el esposo hace o no la llamada la esposa siempre terminará por culparlo. Es más, la esposa puede estallar en ira y luego echar al esposo la culpa por haberse enojado.
Cuando una persona es constantemente acusada y se le echa siempre la culpa de lo ocurre terminará por sentirse confundida y castigada. De esa manera su cónyuge ganará poder sobre su compañero subestimándole de manera sutil o abierta.
El Salmo 52:2 habla de la lengua como de una “navaja afilada” y Santiago afirma que la lengua está “llena de veneno mortal”. Es importante que las personas puedan tener conciencia de cuándo están recibiendo o infligiendo daño como resultado del abuso verbal.
La toma de conciencia será el primer paso en el esfuerzo por comenzar a buscar una salida a este problema que, lamentablemente, es demasiado común en muchas parejas.
El origen del estrés
Gran parte del estrés de la vida moderna es el resultado de procurar cosas erradas: una falta de contentamiento con lo que se es o se tiene. Las expectativas que no pueden ser satisfechas se convierten en frustraciones.
Parte de esas expectativas son de carácter material. Las personas no pueden tener todo lo que desean, sobre todo cuando la tendencia dominante es que en la medida que se tienen más cosas se desean cada vez en mayor cantidad y más grandes.
Las cosas buenas de la vida son realmente buenas cuando Dios las provee a su manera y a su tiempo. Cuando se las exige, cuando el corazón se llena de ansiedad es cuando esas cosas han comenzado a volverse una esclavitud.
Debido a las presiones de la publicidad o el ver lo que el vecino tiene puede crear en una persona expectativas materiales que le continuarán empujando hasta traspasar los límites de la paz.
Otro generador de estrés es el que se origina de la relación con otras personas. Los matrimonios se convierten en campos de batalla porque los cónyuges se vuelven fuente de desilusión. Las debilidades se ven más grandes; los puntos fuertes se olvidan, opuesto a lo que sucedía en el noviazgo.
Las personas pueden estar esperando más de su príncipe encantado en tanto que él ha comenzado a cansarse de nunca ser lo suficiente. Si una persona no está satisfecha con quienes le rodean, probablemente esté menos satisfecha consigo misma. Todo el tiempo las personas pasan comparándose con otros y no pueden relajarse porque nunca se consideran lo suficientemente buenas.
Otra fuente de ansiedad son las expectativas que tenemos sobre el desempeño, que pueden imllevar a tener horarios que causan estrés y sacrificios que producen tensiones.
Las personas esperan que se las promueva al próximo escalón y cuando lo logran, de inmediato comienzan a anhelar otra promoción. No hay logro ni recompensa que sean suficientes. Se castigan los cuerpos, las familias y hasta la salud mental para alcanzar un nuevo nivel de victoria.
La falta de contentamiento es el enemigo mortal de la paz, una profunda raíz de estrés y desasosiego. “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. (1 Timoteo 6:6-8).
Cambios en la vejez
Durante el envejecimiento se producen en el organismo una serie de modificaciones que llevan al decaimiento de la vitalidad física y de la capacidad de adaptación del individuo al medio.
La fuerza muscular declina y disminuyen también las habilidades perceptivas, mientras que el tiempo de reacción se hace más lento. La agudeza visual se reduce y la adaptación a los cambios de luz se vuelve mucho más lenta. En el envejecimiento el ojo toma mucho más tiempo para adaptarse al paso de un ambiente iluminado a uno más oscuro. Por eso hay más accidentes y caídas.
Estas limitaciones pueden conducir a la persona a pensar que su vida ha perdido una buena parte de su sentido y utilidad. Si a esto se suma el casamiento e ida de los hijos, la disminución de la capacidad laboral y la recurrencia creciente de achaques, la persona puede desarrollar una depresión que le limita el aprovechamiento de su potencial.
No todo en la vejez es declinación. Las cualidades de aprendizaje y de memoria pueden ser mantenidas o incluso recobradas mediante la práctica. No se debe pensar que se es demasiado viejo para adquirir nuevas habilidades y conocimientos.
La inteligencia no sólo se mantiene sino que se incrementa con la edad. Es provebial la sabiduría que se atribuye a la vejez. El conocimiento por la experiencia provee a la persona de una ventaja que puede potenciar el disfrute del resto de su vida.
Los errores y excesos de la juventud no se repetirán. Los valores y principios que la vida enseña comenzarán a aplicarse en la rutina diaria. El asesoramiento a personas jóvenes y niños se volverá una labor que reportará muchas gratificaciones.
En pocas palabras, las personas mayores que continúan física y mentalmente activas tienen un mejor desempeño que las que se vuelven inactivas.
Se trata de una cuestión de actitud. La vejez debe ser asumida como una etapa que plantea nuevos retos y nuevas satisfacciones. Se debe procurar la actividad física, evitando el encierro y la soledad. Buscar nuevos círculos de amistad y tareas en las cuales se puede ser útil.
La comunidad cristiana ofrece a las personas mayores el espacio para sentirse útiles. Es donde la edad no cuenta, donde siempre hay algo que se debe hacer y donde la vejez y la sabiduría se consideran una virtud y no un impedimento. La Biblia elogia la vejez.y donde está el pueblo de tal libro la vejez siempre será reverenciada y apreciada.